Cartel exposición

El verso mudo del óxido.

En el estudio

Objetos que ofrecéis vuestra sucia y obscena desnudez, compañeros del óxido y la carcoma, desde el más oscuro abandono al que habéis sido arrojados, una vez han desaparecido los nexos de unión que os mantenían anclados al devenir monótono, pero amable, de una cómoda y rutinaria vida. Se rompieron esos lazos a través de los cuales cada uno de vosotros ofrecía, solícito, sus dotes de valiosa utilidad en unos casos, de divertida distracción en otros, objeto de devoción y cariño en la mayoría, muchos incluso lucíais el blanco soporte de la propia y erguida corporiedad, otrora orgullosa de vida. Extremidades leñosas que fueron amputadas de su tronco materno, piedras labradas por la mano precisa de la erosión, libros olvidados de páginas amarillas y mensaje incólume, prendas rotas, ajadas y abandonadas, a la postre todos objetos presos de una contínua e implacable degradación. Anclados como permanecéis en ese triste camino hacia vuestra cierta y pronta aniquilación, objetos humildes y sin valor mercantil que sois en este momento, de pronto emergéis, como el resplandeciente sol después de la tormenta, con un sentido vital renovado, más noble por estético, y os colocáis de nuevo, envueltos en un halo cuasi arrogante, como protagonistas de una nueva reencarnación, erigiéndoos en mudos inspiradores de este espacio sin límites, inmersos en su eterno presente, que ocupáis y colmáis con vuestro permanente silencio. ¡Bienvenidos!

 

 

Francisco Martínez Catalán

La ambigüedad, desde la sugerencia de los fondos a la rotundidad del objeto encontrado y viceversa.

Una malla de hierro oxidada sobre fondo oscuro vuela, ha perdido la anterior materialidad, se ha convertido en un pañuelo de seda que detenido en el aire  impone su levedad sobre una composición prefijada, ya no existe peligro alguno, pues aquel pequeño caos que acechaba desde una leve esquina está congelado.

La mirada de Francisco Martínez Catalán es el resultado de un largo viaje que comienza en la estética arquitectónica y atraviesa variadas e intensas aficiones hasta llegar al momento actual, en donde nos muestra sus pinturas a caballo entre el orden y el informalismo. Creo que debemos entender todas estas visiones dispuestas alrededor de un imaginario buscado y/o encontrado, aristas que construyen un modo de ser curioso en el mundo.

En el enunciado de la exposición ”El verso mudo del óxido”, se hacen presentes las palabras de Leonardo da Vinci: “La pintura es poesía muda, la poesía pintura ciega”. Nuestro autor añade a las sabias palabras del maestro renacentista el óxido como degradación de la materia, pues en sus trabajos asoman objetos encontrados, desechados, ya visibles en el surrealismo y en el arte povera, aunque transformados formalmente por él en un precepto de exquisito equilibrio compositivo, contrariando la estética de la pobreza. El enunciado de la muestra nos sumerge entre luces y sombras en el bello silencio de una decadencia incontestable; la materia oxidada.

Las obras expuestas surgen de un fondo de collage compuesto aleatoriamente con fragmentos de artículos impresos en papel de periódico. Seguidamente esta cacofonía periodística será pintada de siena tostada o natural que nos recuerda el betún de judea utilizado por los pintores del barroco tenebrista para inundar de oscuridad el fondo de una escenografía desde donde emerge la luz del tema. Limpiando el pigmento del fondo aparecen letras y sugerencias formales, que reforzadas con claros o mitigadas con oscuridades, sometidas a una evocadora acción de quitar y poner pintura, se completan a través de formas y manchas preparatorias hasta que se instala definitivamente el objeto en el espacio del cuadro. Todo sucede dentro de una estructura compositiva que vigila el desarrollo de la obra.

Desde la sugerencia imaginaria de sus fondos, Paco nos acompaña hasta la rotundidad del objeto  encontrado…  y viceversa, mostrándonos los caminos de ida y vuelta hacia una poética personal ordenada en el espacio pictórico. Un viaje pactado entre la ambigüedad y la irrefrenable necesidad expresiva del autor. Pero mientras él busca el equilibrio en la composición, su alma, sin previo aviso, nos descubre a través de la selva emocional de sus neuronas, el profundo océano de su inconsciente que ilumina haciendo visibles: restos óseos de animales, vegetales desecados que muestran su estructura interna, troncos cortados, sillas y fragmentos de maderas deterioradas por la lluvia; decolorados por los sucesivos veranos.

Más tarde, cuando cerramos los ojos, escuchamos el derrumbe de las cosas y los días.

Rafael Hernández. 24/04/2019.